Román Revueltas Retes
No nos han dejado crecer; no quieren que seamos fuertes; no les conviene. ¿Quiénes son esos que no quieren nuestro desarrollo? Pues los USA, evidentemente. Ahora bien, esta creencia del imperialista avasallador, tan socorrida en Latinoamérica, debería de transmutarse en una acusación dirigida hacia nuestras propias elites que son, mucho más que los conspiradores del extranjero, las responsables del atraso de la región.
Un modelo diseñado para preservar los intereses de las minorías no puede propiciar la creación de riqueza. Pero, nuevamente, no estamos hablando solamente de esos “ricos y poderosos” que López Obrador tiene exclusivamente en la mira sino de la propia estructura de un sistema político que, en vez de atender las verdaderas demandas de la población en su conjunto, fabricó una serie de mitos para asegurar su permanencia en el poder: a Salinas se le acusa de haber instaurado un “neoliberalismo” feroz pero la realidad de las cosas es que sus reformas fueron bastante incompletas; no se atrevió a desmantelar realmente las estructuras corporativas del priismo ni terminó tampoco con las prácticas clientelares. Para mayores señas ¿no tiene todavía el señor Gómez Urrutia el poder de llevar a la quiebra a la industria siderúrgica nacional o, en todo caso, la facultad de seguir haciendo mucho daño? En cuanto a la posibilidad de llevar a cabo una profunda reforma educativa –algo que le urge a este país y que, de no hacerse, compromete fatalmente su futuro— ¿no se interpone acaso la figura de Elba Esther Gordillo en cualquier intento de transformación?
Hay, en el escenario nacional, personajes poderosísimos que determinan el destino de millones de mexicanos. Y, mientras no terminemos con el imperio de las minorías, no habremos de transitar hacia el bienestar. Tan sencillo y tan difícil como eso. A Estados Unidos, mientras tanto, endilguémosle otros pecados, no los que nos tocan. Pues eso.
Friday, October 5, 2007
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