Friday, November 30, 2007

Tenemos derecho a todo

Román Revueltas Retes
He conocido gente que, con la mano en la cintura, te suelta que ha robado ejemplares en las librerías. Y te lo dicen como si fuera algo perfectamente aceptable. Es más, se trataría de una especie de derecho natural: es por el bien del espíritu, luego entonces se justifica de necesidad. La misma lógica debería de llevarte a robar comida en un supermercado siendo que el cuerpo humano puede vivir sin lectura pero se consume fatalmente por poco que le falten calorías.
En fin, hay ciertas confusiones –muy perniciosas, a mi entender— en lo que se refiere a las prerrogativas que merecemos. Hace algunos días, una turba de estudiantes tomó por asalto las instalaciones del Congreso local en Chilpancingo: querían garantías y facilidades de la misma manera como, en el DeFectuoso, los aspirantes a las carreras que ofrece el Politécnico exigen entrar a como dé lugar, aunque no hayan aprobado el examen de ingreso, y bloquean en protesta las avenidas por donde circula el resto de los ciudadanos. Lo asombroso del asunto es que esta cultura de lo asistencial se propicia desde el poder mismo. Por ejemplo, existe la consigna oficial de no reprobar a los alumnos de las escuelas públicas; sería algo injusto, por lo que parece. De tal manera, todos pasan, hagan méritos o no, sean haraganes o cumplidores, íntegros o irresponsables. No opera aquí el más mínimo criterio de selección. Luego, esos jóvenes mexicanos se encuentran de pronto confrontados una cadena de exigencias pero sin la menor disposición personal para cumplirlas: en la vida real, descubren un mundo de bajos salarios, competencia despiadada y muy escasas gratificaciones Un universo donde paradójicamente, los derechos son mínimos y las obligaciones interminables. La vida se vuelve ahí una cuestión de crónicas frustraciones y resentimientos; no se pueden pagar los libros ni mucho menos los gadgets que exhiben los mercaderes. Por suerte, hay caudillos populistas que te pueden llenar el corazón de esperanza. Lo único que te queda.

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